domingo, 15 de marzo de 2015

Por quién doblan las campanas.

Tomo prestado el título de la obra de Enerst Hemingway para este réquiem personal que quiero hacerle, y así poder honrarle ("a él").


Un adiós, un hasta nunca. Es difícil despedirse de alguien para siempre, pensar que nunca más podrás hablar con él. A medida que pasa el tiempo y la llama de la vida se va consumiendo vamos dejando a nuestro paso una serie de fichas de dominó, colocadas una detrás de otra formando un inmenso laberinto. Una vez la vida nos es arrebatada, cae la última de estas fichas empujando a sus hermanas. Solo si hemos colocado bien esas fichas a lo largo de nuestra vida, conseguirán acabar el recorrido y prenderán nuestro recuerdo en los que se quedaron.

En este caso las colocó muy bien, estoy orgulloso de mi abuelo. Todos lo recordarán como aquel señor de cabello y bigote blanco que conducía un panda verde. Recuerdo cuando era pequeño y estando en mi casa, oía el ruido del coche y salía a la calle a recibirlo. Ese olor a tabaco negro que olía el coche y ese ambientador de fresa que llevaba años colgando del retrovisor. Agradezco haber aprovechado estos últimos años con él, doy gracias a haber sido lo suficiente maduro como para sentarme en el sofá con él y escucharlo, aunque lamento no haberlo hecho antes. Sus historias de sus primeros trabajos, de su viaje a Suiza, de cómo conoció a mi abuela o de lo que hacían cuando eran jóvenes. 

Echaré de menos esas obras de carpintería que hacía en su taller. ¡Cuantas cucharas de palo, sillas y hamacas hizo! Pero lo que más nos gustaban eran esas espadas de madera que nos hacía. Es una lástima que se haya ido sin haber hecho ese coche de carreras que tanto quería hacernos o la caseta de madera.

Y aunque no he conseguido que entienda qué estoy estudiando y me pregunte que si no preferiría ser cartero, lo quiero mucho. Me quedo con su frase "Yo lo que te deseo es que cuando acabes de estudiar encuentres plaza". Y eso haré abuelo, aunque no me hayas podido ver acabar, voy a trabajar duro día a día para formarme y acaba mi carrera, y como dices tú: encuentre plaza. Esta es la espinita que se me queda clavada, el que no me hayas visto acabar, pero estoy contento porque me has visto acabar bachiller y entrar en la carrera, me has visto sacarme el carnet del coche, me viste subido encima de un escenario y me has visto viviendo en Sevilla. Soy un hombre, que poco a poco, aprende a valerse por sí mismo, que cocina, plancha y lava.

Siempre estarás en nuestro recuerdo, has sido un hombre bueno, por eso siempre te llevaremos dentro.

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